El costo del desencanto: la brecha entre las promesas de Luis Abinader y la realidad dominicana
La gestión de Luis Abinader llega a su rendición de cuentas de 2026 enfrentando una desconexión crítica entre la narrativa oficial de estabilidad y la experiencia de un país golpeado por apagones, comida cara y escándalos de corrupción que empañan el discurso ético original.
Domingo Batista
2 de marzo de 2026, 08:47 p. m.Lectura de 5 min
La gestión de Luis Abinader llega a su rendición de cuentas de 2026 enfrentando una desconexión crítica entre la narrativa oficial de estabilidad y la experiencia de un país golpeado por apagones, comida cara y escándalos de corrupción que empañan el discurso ético original. Este desencanto no es un malestar pasajero; es el resultado de una brecha que se ha vuelto estructural entre lo prometido en campaña y lo vivido hoy en las calles dominicanas.
El caso del Seguro Nacional de Salud (SENASA), con un desfalco estimado en RD$15,000 millones, se posiciona como el golpe más duro a la confianza ciudadana, especialmente por las denuncias de que estos fondos financiaron la reelección de 2024. A esto se suma el esquema organizado en el INTRANT, donde se habrían desviado más de RD$12,000 millones, revelando que el Estado sigue siendo vulnerable a redes que lo utilizan como botín.
La penetración del narcotráfico en estructuras políticas, evidenciada por el apresamiento de funcionarios vinculados al oficialismo por parte de autoridades estadounidenses, proyecta una sombra sobre la capacidad de depuración interna del gobierno. Esta realidad alimenta la sospecha de que el crimen organizado ha capturado espacios de poder, debilitando la legitimidad del sistema democrático frente a una ciudadanía que observa cómo la justicia parece activarse solo por presión externa.
Mientras el gobierno destaca indicadores macroeconómicos, la población experimenta un empobrecimiento silencioso debido a una inflación alimentaria que supera por mucho los promedios oficiales. El crecimiento económico de 2025 fue inferior al proyectado, lo que se tradujo en salarios estancados que no alcanzan para cubrir la canasta básica en los barrios, mercados, y colmados donde la estabilidad de precios que pregona el Banco Central simplemente no existe.
El reciente apagón masivo de este 23 de febrero de 2026, el segundo en menos de cuatro meses desnuda el fracaso en la gestión del sector eléctrico. Los cortes persisten pese al costo de los subsidios, confirmando que la eficiencia energética sigue siendo una promesa incumplida que afecta la competitividad y la paz social, obligando incluso a redoblar la vigilancia policial en zonas bancarias y comerciales durante las sombras.
En seguridad ciudadana, el discurso sobre la reducción de la tasa de homicidios choca frontalmente con el reporte diario de asaltos y hechos violentos en la prensa nacional. Existe una percepción generalizada de que las estadísticas están siendo "maquilladas", lo que genera que el dominicano viva bajo un estrés permanente y desconfíe de las cifras oficiales que no se traducen en tranquilidad real al caminar por su propio barrio.
El endeudamiento y el gasto creciente en el servicio de la deuda están reduciendo el margen de maniobra del Estado para inversión pública y servicios básicos. La sensación de que el país trabaja para pagar intereses a los acreedores en lugar de financiar salud o educación refuerza la narrativa de una gestión que administra escasez para la mayoría mientras sectores organizados siguen absorbiendo fondos públicos.
El presidente Abinader tiene este 27 de febrero el reto de hablarle a un país que ya no se conforma con cuadros técnicos, sino que exige consecuencias por la corrupción y soluciones al costo de la vida. De lo contrario, la desconexión entre el relato oficial y la realidad diaria podría derivar en una crisis de gobernabilidad donde la democracia sea la principal víctima de la pérdida de credibilidad.