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La odisea de la tiza en las nubes: las precarias condiciones de la docencia en la Cordillera Central

Profesores de comunidades montañosas en San José de Ocoa enfrentan largas travesías a pie, falta de conectividad y el abandono de infraestructuras básicas para garantizar el pan de la enseñanza.

Redacción de Libertad Comunicacional

Redacción de Libertad Comunicacional

16 de junio de 2026 a las 07:27 a. m.Lectura de 4 min

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La odisea de la tiza en las nubes: las precarias condiciones de la docencia en la Cordillera Central

Fotografía: Docentes en la montana Vicente Peña y Chanel Corcino Brioso (Fuente externa)

La docencia en las comunidades rurales de difícil acceso en la provincia de San José de Ocoa, incrustadas en la Cordillera Central, representa una compleja travesía diaria que expone las profundas asimetrías del sistema educativo dominicano. Según los testimonios recolectados por Diario Libre en los centros que integran el Distrito Educativo 03-03, los educadores asignados a estas zonas apartadas deben sortear caminos vecinales intransitables, la falta de transporte regular, plantas físicas deterioradas y una desconexión digital absoluta para impartir clases. Estas condiciones convierten la rutina escolar en un esfuerzo de resistencia física y vocacional, donde el cumplimiento del calendario educativo depende de la benevolencia del clima y del sacrificio personal del cuerpo docente.

El factor geográfico constituye el primer obstáculo crítico en localidades ocoeñas como El Canal, La Ciénaga, Los Palmaritos, La Horma o Los Tramojos. El transporte público hacia estos puntos de la montaña es inexistente o excesivamente costoso, lo que obliga a los maestros a trasladarse en motocicletas propias asumiendo altos presupuestos de combustible y mantenimiento o a caminar a pie durante horas por pendientes empinadas. En periodos de lluvia, la situación empeora drásticamente, pues el fango denso inutiliza las vías terrestres, aislando las escuelas y forzando la suspensión forzosa de la docencia presencial, debido al peligro inminente de deslizamientos de tierra o crecidas de arroyos.

Una vez en las aulas, las carencias estructurales limitan el desarrollo pedagógico. La mayoría de los planteles de la zona funcionan bajo la modalidad de escuelas multigrado, donde un solo docente debe atender de forma simultánea a niños de diferentes niveles básicos en un mismo espacio. A esta complejidad metodológica se suma el deterioro edilicio: filtraciones en los techos, falta de agua potable corriente, sistemas sanitarios deficientes y un mobiliario desgastado. Asimismo, a pesar de los esfuerzos nacionales de modernización tecnológica, el acceso a internet y la cobertura celular son prácticamente nulos en el corazón de la cordillera, inutilizando los dispositivos digitales oficiales y confinando el aprendizaje al uso tradicional de la pizarra y los cuadernos impresos.

Esta realidad evidencia que para la República Dominicana persisten retos estructurales históricos que el presupuesto del 4 % para la educación preuniversitaria no ha logrado disolver de manera equitativa en la ruralidad profunda. La marcada disparidad entre los centros urbanos tecnológicos y las aulas aisladas de la montaña perpetúa una brecha social que restringe el desarrollo de competencias competitivas en la niñez de los campos dominicanos. Ante este escenario de vulnerabilidad, los directores distritales y comunitarios mantienen la demanda de intervenciones urgentes por parte del Ministerio de Educación, enfocadas no solo en el remozamiento urgente de las escuelas, sino en la estabilización de los servicios públicos básicos y las vías de comunicación que hagan sostenible la labor pedagógica en las alturas del país.

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