El turismo dominicano: la cosecha de décadas de buenas decisiones
Juan Ramón Mejía Betances
6 de agosto de 2026 a las 07:26 a. m.Lectura de 5 min
Las cifras del Ministerio de Turismo confirman un dinamismo extraordinario. En los primeros siete meses del año, la República Dominicana recibió 7.7 millones de visitantes, un 7 % más que en igual período del año anterior. La meta de superar los 12 millones de visitantes al cierre del año luce plenamente alcanzable. El sector genera más de 605,000 empleos directos e indirectos y miles de millones de pesos en compras locales, impuestos e inversión.
Este éxito no es fortuito ni producto de decisiones aisladas. Es la cosecha de una política de Estado construida durante décadas, sostenida por distintos gobiernos, respaldada por el sector privado y potenciada por circunstancias internacionales favorables.
Las primeras bases de esta transformación comenzaron a construirse cuando el país decidió diversificar su matriz productiva. La declaración de zonas de prioridad turística y los incentivos fiscales impulsados durante los gobiernos del presidente Joaquín Balaguer ofrecieron seguridad jurídica y atrajeron las primeras inversiones hacia polos que aún carecían de infraestructura.
Pero las playas, por sí solas, no crean una industria turística. El turismo exige carreteras, agua potable, electricidad confiable, aeropuertos, drenajes y ordenamiento urbano. Durante las distintas administraciones democráticas se fue ampliando esa plataforma. Las gestiones del presidente Leonel Fernández imprimieron un importante impulso con inversiones en conectividad vial, acueductos, sistemas eléctricos y reordenamiento urbano en varios polos turísticos. Al mejorar las condiciones técnicas, el apetito de los inversionistas se aceleró y territorios con potencial se transformaron en destinos de clase mundial.
Las grandes inversiones turísticas no se deciden para un año, sino para décadas. Por ello, los resultados que hoy observamos son consecuencia de decisiones tomadas mucho antes de que llegaran los millones de visitantes que actualmente celebramos.
Las administraciones siguientes continuaron fortaleciendo esa base, aunque con menor ímpetus, con infraestructuras, conectividad aérea, promoción internacional y desarrollo institucional. Gracias a esa continuidad, el país mantuvo una trayectoria ascendente incluso frente a crisis económicas, fenómenos naturales y la pandemia.
Sobre esa estructura sólida, la coyuntura internacional entre 2025 y 2026 terminó favoreciendo aún más el posicionamiento dominicano. El protagonismo alcanzado en FITUR, la percepción de mayor estabilidad relativa frente a algunos destinos competidores y las tensiones geopolíticas e incluso guerras en otras regiones impulsaron parte de los flujos turísticos hacia el Caribe. La oportunidad existía; solo pudo aprovecharse porque el país estaba preparado. Esa es precisamente la mayor virtud de la planificación: preparar al país para aprovechar las oportunidades cuando finalmente llegan.
Cuando el ministro David Collado afirma que no existen indicadores de que el turismo vaya a disminuir en los próximos meses, sus palabras descansan sobre fundamentos reales construidos a lo largo de muchos años.
El desarrollo de un país no comienza de cero cada cuatro años. Las grandes transformaciones son el resultado de políticas públicas consistentes, inversión pública y privada sostenida y una visión compartida que trasciende gobiernos. Hoy disfrutamos un momento extraordinario porque durante décadas se construyeron las condiciones para alcanzarlo.
El desarrollo no se improvisa. Se planifica, se construye con paciencia, se fortalece con continuidad y, con el paso del tiempo, finalmente se cosecha.
