Cero Hambre: el eslogan que la FAO no había firmado todavía
Domingo Batista
1 de agosto de 2026 a las 08:48 p. m.Lectura de 5 min
Hubo actos, banderas, discursos y hasta una gira por Moca para agradecerle a los productores. El Gobierno sacó pecho: República Dominicana había salido del Mapa del Hambre de la FAO. "Cero Hambre", dijeron, como quien anuncia que ganamos un campeonato. Y aquí viene lo incómodo: cuando se organizó toda esa fiesta, el informe que supuestamente certifica el título ni siquiera había salido a la calle. La versión completa del SOFI 2026 con las tablas país por país que permitirían comprobar la cifra exacta no se publica hasta octubre. Lo que hubo en julio fue una cifra dicha de viva voz por el director de la FAO en una rueda de prensa. Nada más.
Que quede claro: no estoy diciendo que el dato sea falso. Es más, la tendencia le da la razón al Gobierno. República Dominicana venía bajando su nivel de subalimentación desde hace veinte años de 24% en 2004 a menos de 5% hace un par de años, bajo Leonel, bajo Danilo y ahora bajo Abinader. Que el país haya cruzado por fin el umbral técnico del 2.5% es perfectamente creíble. El problema no es el número. El problema es lo que se hizo con él.
Porque "Cero Hambre" suena a que en este país ya nadie se acuesta sin comer. Y eso, sencillamente, no es lo que dice la letra chiquita del propio informe de la FAO. Ese mismo documento el que el Gobierno cita como su gran trofeo reconoce que el 41% de los dominicanos vive con algún grado de inseguridad alimentaria, y que cerca de dos millones de personas han pasado días completos sin comer. El economista jefe de la FAO fue bien claro cuando lo entrevistaron: el país salió del mapa "bajo el criterio de calorías", una frase que en la comunicación oficial nunca apareció. Se agarró el único número bonito de un informe lleno de números feos, y se hizo un eslogan con él.
Tampoco hace falta ser opositor para notar la trampa de fechas. Uno no celebra un examen antes de que el profesor entregue las notas. Aquí se celebró, se hicieron actos, se repartieron reconocimientos, semanas antes de que existiera el documento capaz de respaldar la cifra con las tablas que cualquier periodista o economista pudiera auditar. Eso no es transparencia, es comunicación política jugando con ventaja: mientras el dato no esté publicado, nadie te lo puede rebatir con papeles.
Y ojo con otra cosa: el propio presidente, en su discurso, dijo algo que su equipo de comunicación pareció olvidar después. Dijo que esto "no es el triunfo de un gobierno, sino de un país". Bonita frase, y hasta cierta. Pero después esa misma frase se contradice cada vez que el logro se usa como bandera de una sola gestión, en giras y actos con tarima y micrófono. Si de verdad es el triunfo de un país, ¿por qué se reparte el mérito como si fuera propiedad de un partido?
A quien viva en un barrio donde la carne se compra por libra fraccionada y el pollo alcanza para dos días, que le digan que en su país ya no hay hambre le suena, cuando menos, a chiste de mal gusto. Y no es que la gente esté equivocada por desconfiar: los mismos ciudadanos consultados en la calle, cuando les preguntaron por el anuncio, respondieron con algo parecido a incredulidad. Ese instinto popular, esta vez, tenía más rigor estadístico detrás que el comunicado de prensa.
Al final, lo que tenemos no es una mentira de laboratorio, sino algo más común y más dañino: una verdad a medias, vestida con bombos y platillos, para tapar lo que ese mismo informe de la FAO no deja de repetir en sus páginas siguientes. La subalimentación bajó, sí. El hambre, en el sentido que la gente entiende esa palabra en su cocina, sigue ahí. Y mientras el Gobierno no publique el documento completo ni cuente la otra mitad de la historia, "Cero Hambre" seguirá siendo, sobre todo, un eslogan de campaña con sello de la ONU pegado encima sin que la ONU, todavía, lo haya firmado del todo.
