La lección que dejan las elecciones de Colombia
PAUL J. MALDONADO B
2 de junio de 2026 a las 07:23 p. m.Lectura de 6 min
El pasado domingo se celebraron las elecciones presidenciales de Colombia, un proceso electoral que despertó gran interés tanto dentro como fuera de sus fronteras. A decir verdad, existían tres candidatos con posibilidades reales de alcanzar la mayor cantidad de votos y conquistar la preferencia del electorado.
Por una parte, se encontraba Iván Cepeda, identificado como el candidato del oficialismo y continuador del proyecto político del presidente Gustavo Petro. Durante gran parte de la campaña figuró entre los favoritos en diversas encuestas, llegando incluso a registrar ventajas significativas frente a sus competidores.
También participó Paloma Valencia, representante de la derecha colombiana y respaldada por el expresidente Álvaro Uribe. Durante varios meses ocupó posiciones importantes en las mediciones electorales, aunque posteriormente fue cediendo terreno en la preferencia de los votantes.
Sin embargo, la gran sorpresa de la contienda fue Abelardo de la Espriella, quien desafió las estrategias tradicionales de los partidos políticos y logró posicionarse como una figura de gran impacto electoral. Con una imagen cuidadosamente construida, un discurso contundente y propuestas orientadas a temas que preocupan a amplios sectores de la sociedad colombiana, fue ganando espacio hasta convertirse en uno de los protagonistas del proceso.
Más de 40 millones de ciudadanos estaban habilitados para ejercer el derecho al voto, y la jornada transcurrió de manera pacífica y ordenada. Un aspecto digno de resaltar fue la rapidez del proceso de escrutinio. Las votaciones concluyeron a las 4:00 de la tarde y pocas horas después ya existían resultados preliminares que permitían conocer la tendencia electoral.
La sorpresa para muchos fue el desempeño de Abelardo de la Espriella. Sin una estructura partidaria tradicional ni una larga trayectoria política, logró conectar con un electorado cansado de los discursos convencionales y de las promesas incumplidas. Su mensaje, centrado en la seguridad, el fortalecimiento de la economía y la defensa de valores como la familia, encontró eco en amplios sectores de la población.
Uno de los elementos más importantes de esta campaña fue el papel desempeñado por las redes sociales. La conexión con los jóvenes resultó determinante. Plataformas como Instagram, X, TikTok y Facebook permitieron que su mensaje llegara de manera directa a millones de personas, demostrando que la comunicación digital puede llegar a ser tan importante como las estructuras tradicionales de los partidos políticos.
De la Espriella asoció su imagen a la figura de un tigre, símbolo que proyectó fortaleza, liderazgo y determinación. En un contexto donde muchos ciudadanos muestran desconfianza hacia la clase política, esta estrategia contribuyó a fortalecer su posicionamiento y a generar identificación con una parte importante del electorado.
Las elecciones dejan una enseñanza fundamental: el voto es, en gran medida, una decisión emocional. Los ciudadanos no solamente evalúan propuestas; también conectan con historias, símbolos, liderazgos y narrativas capaces de inspirar confianza y esperanza.
Las campañas políticas son, en esencia, la construcción de relatos que buscan conectar con las aspiraciones de la población. En este caso, la narrativa de la familia, la seguridad, el liderazgo y la figura del “Tigre” lograron convertir a Abelardo de la Espriella en uno de los fenómenos políticos más interesantes de esta contienda electoral.
Contra muchos pronósticos y frente a encuestas que lo situaban en posiciones menos favorables, los resultados demostraron una realidad distinta y evidenciaron que la política continúa siendo un escenario donde las sorpresas son posibles.
Ahora Colombia se encamina hacia una segunda vuelta electoral, donde los ciudadanos tendrán nuevamente la responsabilidad de decidir el rumbo de su nación. Esperamos que, al igual que ocurrió en la primera ronda, el pueblo colombiano acuda masivamente a las urnas de manera pacífica, democrática y ordenada, fortaleciendo así una de las bases fundamentales de toda democracia: la voluntad soberana del pueblo.
Que gane quien logre convencer a la mayoría de los colombianos y que, por encima de cualquier resultado, triunfe la democracia.

