Una reflexión bíblica entre la iglesia moderna y el contexto histórico
Carlos Alberto Moronta
21 de julio de 2026 a las 09:07 a. m.Lectura de 12 min
El diezmo ha sido, durante siglos, una de las prácticas más representativas del cristianismo y, al mismo tiempo, uno de los temas más debatidos dentro de la teología bíblica. Para millones de creyentes constituye una expresión de obediencia, gratitud y compromiso con Dios. Para otros, su aplicación actual debe examinarse a la luz del contexto histórico de las Escrituras y de las enseñanzas del Nuevo Testamento.
Este artículo no nace con el propósito de cuestionar la fe de quienes diezman ni de desacreditar la labor espiritual y social que muchas iglesias realizan alrededor del mundo. Tampoco pretende presentar una interpretación como la única válida. Su propósito es ofrecer un estudio serio, respetuoso y fundamentado en las Escrituras, invitando al lector a analizar los textos en su contexto histórico, cultural y teológico.
La historia demuestra que muchas prácticas religiosas han evolucionado con el paso del tiempo. Algunas se han conservado prácticamente intactas; otras han adquirido nuevas formas según las necesidades de cada época. El diezmo no ha sido la excepción. Por ello, es válido preguntarse si la forma en que hoy se practica refleja el modelo bíblico original o si responde a un desarrollo histórico dentro del cristianismo.
Responder a esta pregunta requiere algo más que citar versículos de manera aislada. Exige analizar a quién iba dirigido cada mandato, bajo qué pacto fue establecido, cuál era su propósito y cómo Jesús y los apóstoles enseñaron acerca de la generosidad, el sostenimiento de la obra de Dios y el cuidado de los más necesitados.
Este estudio invita al lector a recorrer las Escrituras desde Génesis hasta el Nuevo Testamento, procurando comprender el contexto de cada pasaje antes de extraer conclusiones.
El diezmo antes de la Ley de Moisés
Las primeras referencias al diezmo aparecen antes del establecimiento de la Ley mosaica.
En Génesis 14, Abraham entrega la décima parte del botín de guerra a Melquisedec, sacerdote del Dios Altísimo. Es importante observar que el texto no presenta este acto como un mandamiento divino, sino como una respuesta voluntaria después de una victoria militar. Tampoco existe evidencia de que Abraham estableciera esta práctica como una obligación permanente para su descendencia.
Más adelante, en Génesis 28, Jacob promete entregar el diezmo si Dios lo guarda y prospera durante su viaje. Nuevamente, el pasaje presenta un voto personal y voluntario, no una orden universal dirigida a todos los creyentes.
Estos relatos muestran que el diezmo existía antes de la Ley, pero no como una institución formal ni como un mandato para toda la humanidad.
El diezmo bajo la Ley de Moisés
Con la entrega de la Ley, el diezmo adquiere un carácter completamente diferente.
En Levítico, Números y Deuteronomio se establece que el diezmo pertenecía al sistema religioso y social de Israel. Su principal propósito era sostener a la tribu de Leví, cuyos integrantes no recibieron una herencia territorial porque estaban dedicados al servicio del tabernáculo.
El diezmo consistía principalmente en productos agrícolas, ganado, aceite, vino, cereales y frutos de la tierra. No era, en su origen, un impuesto sobre salarios o ingresos monetarios.
Además del sostenimiento de los levitas, el sistema contemplaba ayudas destinadas a viudas, huérfanos, extranjeros y personas vulnerables, mostrando que el diezmo también cumplía una importante función de justicia social dentro del pueblo de Israel.
Incluso existían diferentes tipos de diezmos con propósitos distintos, lo que demuestra que el sistema era mucho más amplio y complejo que la idea moderna de entregar simplemente el diez por ciento de los ingresos.
Los profetas y el llamado a la fidelidad
Durante la historia de Israel, los profetas denunciaron repetidamente el abandono del diezmo y de las ofrendas.
El caso más conocido se encuentra en Malaquías 3, donde Dios exhorta al pueblo por haber descuidado sus responsabilidades dentro del pacto.
Con frecuencia este pasaje se utiliza como fundamento para exigir el diezmo en la actualidad. Sin embargo, es importante recordar que Malaquías se dirige específicamente a la nación de Israel, al sacerdocio levítico y al templo de Jerusalén, instituciones propias del Antiguo Pacto.
Comprender ese contexto no disminuye la importancia del mensaje, sino que ayuda a interpretar correctamente su aplicación.
Jesús y el diezmo
En los Evangelios, Jesús menciona el diezmo al dirigirse a los escribas y fariseos.
Les reconoce que diezman cuidadosamente incluso las hierbas más pequeñas, pero les reprocha haber descuidado la justicia, la misericordia y la fidelidad.
Su enseñanza no condena el diezmo que ellos practicaban bajo la Ley de Moisés; más bien denuncia la incoherencia de cumplir rigurosamente un aspecto religioso mientras se ignoran los principios fundamentales del corazón de Dios.
Es importante recordar que, durante el ministerio terrenal de Jesús, el sistema del Antiguo Pacto aún estaba vigente.
La iglesia primitiva y las ofrendas
Después de la resurrección de Cristo y del nacimiento de la Iglesia, el Nuevo Testamento pone un fuerte énfasis en la generosidad.
Los creyentes compartían voluntariamente sus bienes, ayudaban a quienes tenían necesidad y sostenían la obra apostólica mediante ofrendas.
Las cartas de Pablo enseñan que cada creyente debe dar según haya decidido en su corazón, con alegría y sin obligación.
Llama la atención que, aunque el Nuevo Testamento dedica numerosos capítulos al tema de las ofrendas y del sostenimiento del ministerio, nunca presenta un mandamiento explícito que obligue a la Iglesia a entregar el diez por ciento de sus ingresos.
Este hecho ha dado lugar a distintas interpretaciones dentro del cristianismo.
El debate en la iglesia contemporánea
Hoy existen diferentes posiciones respecto al diezmo.
Algunas iglesias consideran que continúa siendo un principio permanente de fidelidad y obediencia que debe mantenerse.
Otras entienden que pertenecía exclusivamente al sistema del Antiguo Pacto y que, bajo el Nuevo Pacto, el creyente es llamado a contribuir libremente, con generosidad y conforme a sus posibilidades.
Ambas posturas buscan fundamentarse en las Escrituras, aunque llegan a conclusiones distintas.
Por ello, más que emitir juicios apresurados, resulta valioso estudiar cada pasaje dentro de su contexto histórico, literario y teológico.
En Conclusión, el propósito de este artículo no es generar división ni desacreditar a ninguna iglesia o denominación cristiana. Por el contrario, busca fomentar un diálogo respetuoso basado en el estudio responsable de las Escrituras.
La Biblia fue escrita en contextos históricos específicos. Comprender esos contextos no debilita la fe; al contrario, la fortalece, porque nos permite distinguir entre los principios eternos de Dios y las prácticas propias de determinados momentos de la historia bíblica.
Independientemente de la postura que cada lector adopte, todos podemos coincidir en que Dios ama un corazón generoso, íntegro y dispuesto a servir al prójimo.
Más que defender una tradición o rechazarla, el desafío consiste en acercarnos a las Escrituras con humildad, permitiendo que sea la Palabra de Dios, leída en su contexto, la que forme nuestras convicciones.
Invitamos a cada lector a no conformarse con lo que ha escuchado durante años, sino a abrir la Biblia, estudiar cada pasaje con detenimiento, investigar su contexto histórico y dialogar con respeto con quienes sostienen posiciones diferentes. La verdad nunca debe temer al estudio honesto. Al contrario, una fe madura crece cuando se fundamenta en el conocimiento, la reflexión y el amor.
Que este artículo sea el inicio de una conversación sincera y edificante, donde el objetivo no sea ganar un debate, sino comprender mejor las Escrituras y acercarnos cada día más al corazón de Dios.
Para quienes deseen profundizar personalmente en este tema, se recomienda leer los siguientes pasajes completos y en su contexto:
Antes de la Ley
* Génesis 14:18-20
* Génesis 28:20-22
La Ley de Moisés
* Levítico 27:30-34
* Números 18:21-32
* Deuteronomio 12:5-19
* Deuteronomio 14:22-29
* Deuteronomio 26:12-15
Durante la monarquía y el período posterior al exilio
* 2 Crónicas 31:4-12
* Nehemías 10:35-39
* Nehemías 12:44
* Nehemías 13:5-13
Los profetas
* Amós 4:4
* Malaquías 3:8-12
Los Evangelios
* Mateo 23:23
* Lucas 11:42
* Lucas 18:9-14
La Iglesia y el Nuevo Testamento
* Hechos 2:44-45
* Hechos 4:32-35
* 1 Corintios 9:7-14
* 1 Corintios 16:1-2
* 2 Corintios 8:1-15
* 2 Corintios 9:6-15
* Gálatas 6:6
* 1 Timoteo 5:17-18
* Hebreos 7:1-10
Finalmente, animamos a todos a comparar estos textos entre sí, analizar su contexto y permitir que las Escrituras hablen por sí mismas. El estudio bíblico responsable comienza cuando estamos dispuestos a escuchar el texto antes que nuestras propias tradiciones.

