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Apagones prolongados agravan la vulnerabilidad de los envejecientes en República Dominicana

Las interrupciones eléctricas afectan el descanso, la climatización y el funcionamiento de equipos esenciales, especialmente entre personas de edad avanzada.

Redacción de Libertad Comunicacional

Redacción de Libertad Comunicacional

19 de agosto de 2026 a las 09:18 a. m.Lectura de 6 min

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Apagones prolongados agravan la vulnerabilidad de los envejecientes en República Dominicana

Fotografía: Nuevo transformador en la calle Aníbal Sosa Ortiz del sector San Gerónimo. (DIARIO LIBRE/JUAN GUIDO)

Los apagones prolongados representan un problema que va más allá de la interrupción temporal del servicio eléctrico. Para las personas envejecientes, permanecer durante varias horas sin electricidad puede incrementar su vulnerabilidad, especialmente durante períodos de altas temperaturas.

En República Dominicana, esta situación adquiere particular relevancia debido al crecimiento de la población adulta mayor. Un reportaje publicado recientemente por Diario Libre sitúa en aproximadamente 1,359,145 las personas de 60 años o más que vivían en el país durante 2025.

La falta de electricidad puede limitar el uso de acondicionadores de aire y ventiladores, dificultar el descanso nocturno y aumentar la exposición al calor dentro de los hogares. Para quienes tienen movilidad reducida o dependen de cuidados permanentes, trasladarse temporalmente a otro lugar también puede representar una dificultad adicional.

El problema se vuelve más sensible cuando existen equipos médicos o dispositivos necesarios para el cuidado de una persona mayor que requieren electricidad. En comunidades afectadas por interrupciones prolongadas, residentes han señalado precisamente la preocupación por los envejecientes y las personas con condiciones que requieren atención continua.

Los registros oficiales muestran que la calidad del servicio eléctrico continúa presentando desafíos. Durante mayo, aunque disminuyó el promedio de interrupciones por cliente en las tres empresas distribuidoras estatales, aumentó la duración promedio de los cortes respecto al mes anterior.

El comportamiento del sistema también está relacionado con las condiciones climáticas. Durante julio, las altas temperaturas y el incremento en el uso de acondicionadores de aire, ventiladores y equipos de refrigeración llevaron la demanda eléctrica nacional hasta 4,330.8 megavatios, mientras varios circuitos registraban sobrecargas e interrupciones.

Ese escenario puede convertirse en un círculo de presión: el calor incrementa el consumo eléctrico, la mayor demanda somete a las redes a una carga adicional y las interrupciones dejan precisamente a los hogares sin las herramientas necesarias para enfrentar las altas temperaturas.

Los efectos no se limitan al Gran Santo Domingo. En diferentes comunidades del país se han reportado cortes prolongados y reclamos de residentes que exigen respuestas de las empresas distribuidoras. En algunos casos, las interrupciones han provocado protestas y reclamos públicos por la duración y frecuencia del servicio irregular.

Para los envejecientes, el impacto puede incluir alteraciones del sueño, dificultades para mantener condiciones adecuadas de temperatura dentro de la vivienda y mayores complicaciones para las familias encargadas de su cuidado.

La situación también plantea un desafío para las políticas de protección social. La población dominicana está envejeciendo y, de acuerdo con las proyecciones citadas por Diario Libre, el número de personas mayores de 60 años podría aumentar 92.5 % hacia 2050.

En ese contexto, la continuidad del suministro eléctrico adquiere una dimensión social que trasciende el funcionamiento de la red. Para una población envejeciente cada vez más numerosa, contar con electricidad estable puede ser determinante para mantener condiciones adecuadas de descanso, movilidad, comunicación y cuidado dentro del hogar.

Los apagones, por tanto, no afectan a todos los ciudadanos de la misma manera. Mientras para algunos representan una incomodidad temporal, para una persona mayor que vive sola, tiene movilidad limitada o necesita equipos eléctricos para su cuidado pueden convertirse en un factor adicional de vulnerabilidad.

El desafío para las autoridades y las empresas distribuidoras consiste no solo en reducir la cantidad de interrupciones, sino también en garantizar una respuesta rápida en aquellos sectores donde viven personas particularmente dependientes de un suministro eléctrico continuo.