La dedicación de nuestros atletas se impone a las adversidades

Alejandro Santos

Alejandro Santos

12 de agosto de 2026 a las 08:48 a. m.Lectura de 6 min

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El deporte dominicano, en gran medida, es como un árbol silvestre que nace, crece y da frutos por sí solo.

Nuestros atletas, surgidos de las mismas entrañas de la tierra y dotados de una resiliencia estoica, superan las adversidades y las carencias derivadas de la ausencia de una estrategia integral y funcional de apoyo permanente.

Ha concluido la celebración de los Juegos Centroamericanos y del Caribe Santo Domingo 2026, con importantes éxitos organizativos y buenas calificaciones para nuestro país como anfitrión.

Nuestros atletas conquistaron 150 medallas: 46 de oro, 37 de plata y 67 de bronce. La República Dominicana terminó en el quinto lugar del medallero, detrás de México, Colombia, Cuba y Venezuela.

El país ha ocupado en seis ocasiones la quinta posición en la tabla de medallas. Sin embargo, fue en esta edición de 2026 cuando alcanzó su mayor cantidad de preseas y estableció un récord nacional de medallas de oro, con un total de 46.

Nuestros atletas tuvieron un gran desempeño, que contrasta con la limitada inversión permanente destinada al desarrollo del deporte.

Nos regocijamos con la celebración de los Juegos y valoramos la inversión realizada en la construcción y remodelación de las instalaciones deportivas.

Sin embargo, no se puede pasar por alto que los aproximadamente RD$9,000 millones invertidos en el montaje de los juegos representan un extraordinario esfuerzo económico para un país cuya población enfrenta numerosas necesidades y dificultades.

No se cuestiona la importancia de recuperar las infraestructuras deportivas. Lo que llama la atención es que el Estado pueda movilizar una inversión extraordinaria para organizar un acontecimiento internacional, mientras numerosos atletas, clubes y asociaciones enfrentan carencias durante el resto del ciclo deportivo.

Las medallas alcanzadas por el país provienen, en gran medida, del esfuerzo individual de los atletas y del respaldo de sus familias, que se dedican tenazmente a desarrollar esos talentos en medio de múltiples limitaciones.

Aquí, a los deportistas de las diferentes disciplinas se les comienza a ofrecer un respaldo importante después de que logran destacarse o ganar una competencia internacional. Es decir, muchas veces el apoyo llega después del triunfo, cuando debería comenzar mucho antes.

La primera medalla de oro de la República Dominicana en unos Juegos Olímpicos la ganó Félix Sánchez, quien se formó y desarrolló deportivamente en Estados Unidos y decidió representar al país en los 400 metros con vallas. Conquistó el oro en Atenas 2004 y repitió la hazaña ocho años después, en Londres 2012.

Hoy, el Estadio Olímpico Dominicano lleva el nombre de Félix Sánchez en reconocimiento a sus extraordinarios logros.

También están plasmadas en la memoria deportiva dominicana las hazañas de los demás medallistas olímpicos: Pedro Julio Nolasco, Félix Díaz, Gabriel Mercedes, Luguelín Santos, Luisito Pie, Marileidy Paulino, Lidio Andrés Feliz, Anabel Medina Ventura, Alexander Ogando, Zacarías Bonnat, Crismery Santana, Yunior Alcántara y Cristian Pinales.

Nuestros medallistas son reconocidos y reciben los méritos correspondientes por sus logros. Pero detrás de ellos existen miles de jóvenes dominicanos que esperan una mano amiga y necesitan entrenamiento, alimentación, atención médica, instalaciones adecuadas y acompañamiento para desarrollar sus talentos.

Lo que todos queremos ver es una dinámica permanente, acompañada de una visión seria y de la determinación necesaria para que funcione en toda la geografía nacional.

El propósito no debe limitarse a preparar atletas para representar al país en competencias internacionales. También debemos lograr una mayor participación de nuestros jóvenes en las actividades deportivas, alejándolos de los vicios, la delincuencia y la falta de oportunidades.

La dedicación de nuestros atletas ha logrado imponerse a las adversidades. Ahora corresponde que el Estado convierta esos esfuerzos individuales en una política deportiva permanente, para que las próximas medallas no dependan solamente del sacrificio de quienes han aprendido a crecer y dar frutos por sí solos.

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