PUBLICIDAD
Publicidad

Morderse las uñas: el hábito "inofensivo" que puede llenar tu boca de bacterias

El hábito afecta entre 20% y 30% de la población y suele estar ligado al estrés y la ansiedad

Redacción de Libertad Comunicacional

Redacción de Libertad Comunicacional

Editor jefe: Domingo Batista

14 de septiembre de 2026 a las 08:31 a. m.Lectura de 4 min

Compartir:
Morderse las uñas: el hábito "inofensivo" que puede llenar tu boca de bacterias

Morderse las uñas es una conducta frecuente que afecta entre 20% y 30% de la población y que suele estar relacionada con el estrés, el aburrimiento y la ansiedad, según una recopilación de estudios difundida por Infobae. Aunque muchas personas lo consideran un hábito inofensivo, la evidencia científica sugiere que puede favorecer la entrada de microorganismos al organismo y provocar lesiones en los dedos, las uñas, los dientes y las encías.

El riesgo principal está vinculado a la cantidad de bacterias que se acumulan debajo de las uñas. Como las manos están en contacto constante con superficies y objetos, el área subungueal puede concentrar una carga microbiana mayor que otras zonas de la piel. Un estudio publicado en 1988 en el Journal of Clinical Microbiology encontró que esa zona presentaba la mayor presencia de bacterias entre las áreas analizadas de la mano, una acumulación que puede incluir bacterias, suciedad y, en algunos casos, hongos que entran en contacto directo con la boca al morderse las uñas.

Esa exposición también se refleja en la cavidad oral de quienes mantienen el hábito. Una investigación realizada en Turquía en 2007 halló enterobacterias en 76% de las personas que se mordían las uñas, frente a 26.5% de quienes no tenían esa costumbre. Un estudio posterior, de 2017, encontró una diferencia similar: 58% de los mordedores crónicos presentaban Enterobacteriaceae en la boca, frente a 16% de quienes no se mordían las uñas. Investigaciones más recientes en revistas de odontología, centradas en población infantil y adolescente, han reportado hallazgos en la misma línea, con una mayor prevalencia de estas bacterias entre quienes tienen el hábito.

Los daños no se limitan a la higiene. Morderse las uñas de forma repetitiva puede provocar uñas excesivamente cortas, cutículas desgarradas, sangrados, surcos, fragilidad ungueal y cicatrices en la matriz de la uña. La presión constante al morder también puede desgastar los dientes y lesionar las encías, y cuando la piel alrededor de las uñas resulta dañada, aumenta el riesgo de infecciones en los dedos.

Dejar el hábito puede ser difícil porque suele convertirse en una respuesta automática ante el estrés, la ansiedad o el aburrimiento. Especialistas recomiendan identificar los momentos que lo desencadenan y sustituirlo por otras conductas mediante estrategias de terapia conductual. Entre las medidas prácticas sugeridas están mantener las uñas cortas, usar esmaltes de sabor amargo diseñados para desalentar la mordida y cuidar la higiene debajo de las uñas. Si el hábito persiste o provoca lesiones, dolor o signos de infección, se recomienda consultar con un profesional de la salud.