La guerra con Irán erosiona la credibilidad política de Donald Trump en EE. UU.
El respaldo a la acción militar cayó a 31 %, mientras la aprobación presidencial permanece en uno de sus niveles más bajos.
Redacción de Libertad Comunicacional
25 de agosto de 2026 a las 10:00 a. m.Lectura de 5 min

Fotografía: Una mujer pasa junto a una valla publicitaria contra Estados Unidos y Trump en una calle de Teherán, Irán, el 27 de julio de 2026. (EFE)
La prolongación de la guerra con Irán está generando un creciente desgaste político para el presidente estadounidense, Donald Trump, cuya popularidad se mantiene en niveles históricamente bajos mientras disminuye el respaldo de los ciudadanos a la intervención militar.
Una encuesta de Reuters/Ipsos divulgada esta semana muestra que apenas 31 % de los estadounidenses respalda la acción militar de Estados Unidos contra Irán. El porcentaje representa una caída frente al 37 % registrado en marzo y el 34 % obtenido en una medición anterior de agosto.
El deterioro también alcanza la valoración general del mandatario. Solo 33 % de los encuestados dijo aprobar su gestión presidencial, mientras 64 % manifestó desaprobación. Ese resultado mantiene a Trump en uno de los puntos más bajos de popularidad registrados durante sus dos períodos en la Casa Blanca.
Uno de los principales problemas para el presidente es la percepción de que el conflicto no tiene una salida cercana. El 83 % de los participantes en la encuesta de Reuters/Ipsos considera que la guerra continuará durante un período prolongado, un aumento respecto al 80 % registrado a comienzos de agosto.
El desgaste resulta especialmente relevante porque el conflicto comenzó el 28 de febrero con la expectativa de que la presión militar pudiera alcanzar rápidamente los objetivos planteados por Washington. Seis meses después, Irán mantiene capacidad de resistencia y el enfrentamiento continúa afectando las rutas energéticas y los mercados internacionales.
La situación económica también se ha convertido en un elemento de presión. El aumento de los precios de los combustibles y las consecuencias de las restricciones sobre el transporte marítimo han comenzado a trasladar el costo del conflicto hacia los consumidores estadounidenses.
Trump ha respondido cambiando progresivamente el énfasis de su estrategia. Después de meses de operaciones militares, su administración ha incrementado la presión económica sobre Teherán mediante nuevas sanciones y amenazas contra países y empresas que mantengan determinadas relaciones comerciales con Irán.
La nueva estrategia tampoco está exenta de riesgos. Washington debe equilibrar la presión sobre Irán con las consecuencias que las sanciones puedan generar sobre sus aliados y sobre países como China, cuya relación comercial y energética con Teherán es significativa.
El retroceso del apoyo al conflicto también se observa entre los republicanos, aunque continúa siendo mayoritario dentro de ese grupo. Según Reuters/Ipsos, 69 % de los republicanos consultados todavía respalda la acción militar, pero esa cifra representa una reducción respecto al 77 % registrado en marzo.
La tendencia adquiere importancia adicional ante las elecciones legislativas de noviembre. La evolución de la economía, los precios de los combustibles y la percepción sobre la gestión de la guerra pueden convertirse en factores determinantes para los candidatos republicanos.
Trump enfrenta así un escenario complicado: necesita demostrar que la guerra puede producir resultados concretos sin ampliar todavía más sus costos económicos y políticos. Mientras tanto, la opinión pública parece mostrar un cansancio creciente ante un conflicto que, según la mayoría de los estadounidenses, todavía está lejos de terminar.
La pérdida de respaldo no significa necesariamente el colapso de la base política del presidente, pero sí representa una señal de advertencia. La guerra con Irán, inicialmente presentada como una operación destinada a alcanzar objetivos estratégicos, se ha convertido ahora en uno de los principales desafíos políticos de Trump.


