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Familias duermen en las calles de Venezuela ante el temor a réplicas tras el colapso de cientos de edificios

El pánico a nuevos temblores y los severos daños estructurales en los hogares obligan a miles de ciudadanos a levantar campamentos improvisados en parques y avenidas.

Redacción de Libertad Comunicacional

Redacción de Libertad Comunicacional

26 de junio de 2026 a las 08:44 a. m.Lectura de 5 min

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Familias duermen en las calles de Venezuela ante el temor a réplicas tras el colapso de cientos de edificios

Fotografía: Personas arman campamentos en un parque de Catia La Mar (Venezuela). (EFE/ RONALD PEÑA R.)

Miles de ciudadanos en las zonas más afectadas por el doble terremoto de magnitudes 7.2 y 7.5 en Venezuela han trasladado sus vidas por completo a la intemperie, levantando refugios improvisados con carpas y sábanas en parques, plazas y aceras ante el colapso de sus viviendas y el persistente temor a nuevas réplicas. De acuerdo con los balances oficiales presentados por las autoridades gubernamentales y los organismos de socorro, la catástrofe sísmica ha dejado un saldo preliminar de 235 fallecidos, 4,300 heridos y al menos 2,927 familias damnificadas, forzando un escenario de crisis humanitaria donde la población sobreviviente pernocta en la vía pública en medio de severas interrupciones en los suministros de energía eléctrica, agua potable y servicios de telecomunicaciones.

Las escenas de desesperación se concentran en el área metropolitana de Caracas y de forma crítica en el estado costero de La Guaira, demarcación que fue declarada formalmente como zona de desastre debido a que concentra la destrucción o daño estructural grave de al menos 250 edificaciones residenciales. En sectores costeros como Catia La Mar, los residentes se aglomeran en espacios abiertos vigilando las fachadas agrietadas de sus antiguos hogares y colgando carteles con fotografías y números de teléfono para reportar familiares extraviados. Este drama urbano se agrava por el colapso operativo de la infraestructura clave, incluyendo daños estructurales en ocho centros hospitalarios y el cierre total del Aeropuerto Internacional Simón Bolívar en Maiquetía, lo que limita la capacidad de respuesta médica interna y ralentiza la movilización de suministros.

A pie de calle, la angustia de los damnificados se divide entre la escasez de insumos básicos y la desesperada búsqueda de supervivientes atrapados bajo las losas de concreto, una tarea en la que los propios vecinos colaboran con herramientas caseras debido a las dificultades logísticas para el despliegue de maquinaria pesada en zonas residenciales densas. El drama humano quedó evidenciado en testimonios recogidos por agencias internacionales como AFP, donde residentes de edificios fracturados describieron la crudeza del escenario: "Fue terrible, fue terrible. Todo, todo se desplomó; es algo que no le deseo a nadie", manifestó Yilsmaris Blanco en La Guaira, reflejando el trauma colectivo de una población que ha visto más de 130 réplicas desde los sismos principales del pasado miércoles.

Para la República Dominicana, la evolución de este desplazamiento civil en las calles venezolanas mantiene bajo máxima alerta a la Cancillería y a la comunidad de dominicanos residentes en el país sudamericano, confirmándose hasta el momento un balance de cinco criollos afectados directamente por el desastre. La inestabilidad del entorno habitacional y el corte de las comunicaciones han obligado al Consulado dominicano a coordinar canales de asistencia de emergencia en las zonas siniestradas para localizar a los nacionales no contactados. En tanto, las comisiones técnicas de rescatistas militares dominicanos enviadas al terreno centran sus esfuerzos en integrarse a los perímetros de búsqueda urbana antes de que las condiciones de desprotección e insalubridad en la intemperie detonen una crisis sanitaria mayor entre los miles de refugiados que permanecen en las calzadas.

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