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Leonel y Danilo: saldo en cero

Alejandro Santos

Alejandro Santos

2 de septiembre de 2026 a las 08:33 a. m.Lectura de 4 min

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Leonel Fernández está hoy muy lejos de ser aquel joven de Villa Juana, y Danilo Medina tampoco es ya el mismo dirigente oriundo de Arroyo Cano. Ambos son expresidentes de la República, líderes con poderes acumulados, pero atrapados por sus egos, que parecen congelarlos en la “sinrazón” de la política.

Danilo contribuyó, desde los orígenes, al ascenso del liderazgo de Leonel. Lo respaldó para alcanzar la Presidencia de la República en 1996 y volvió a apoyarlo para su retorno al poder en 2004.

Leonel, a su vez, correspondió a Danilo respaldándolo como candidato presidencial del PLD en las elecciones del año 2000. Más adelante, puso a su disposición el engranaje político construido desde el poder para que alcanzara la Presidencia en las elecciones de 2012.

Ambos han contribuido, de manera recíproca, al éxito político del otro. Ninguno puede contar su historia de poder sin reservar un espacio importante para el papel desempeñado por el otro.

Por eso se puede decir que, entre Leonel y Danilo, la deuda está saldada. Podrían perfectamente regresar al punto de origen, colocar sus diferencias en una balanza y comenzar de cero nuevamente.

Por profundas que sean las heridas que se hayan causado, Leonel y Danilo, como políticos profesionales y con la experiencia acumulada, deben saber perfectamente que en política no se guardan rencores para siempre y que los golpes recibidos y propinados forman parte de los “gajes del oficio”.

Sin embargo, hacen todo lo contrario. En ellos prevalecen el rencor y el ego de quienes, después de ejercer tanto poder, terminan creyéndose por encima de los demás mortales. Se empecinan en mantener posiciones irreconciliables que, lejos de fortalecerlos, los debilitan y descalifican a ambos.

En las operaciones de suma y resta propias de las elecciones dominicanas, dentro de un sistema que exige el 50 % más uno de los votos para ganar la Presidencia, Leonel no gana sin el apoyo del PLD, y el PLD tampoco gana sin el apoyo de Leonel.

Por eso llama la atención que sus seguidores permanezcan ciegos, indiferentes o sin el valor necesario para rebelarse y poner en jaque a ambos dirigentes hasta llevarlos a buscar un acuerdo.

Falta coraje y visión entre peledeístas y fuerzapeueblistas para exigir, con determinación, una postura de acercamiento entre Danilo y Leonel.

No se trata de pedirles que borren sus diferencias ni que vuelvan a compartir una misma organización, sino de que entiendan que la política también exige sensatez, desprendimiento y capacidad para pactar.

Mientras ambos continúen detenidos en la sinrazón, sus partidos seguirán condenados a dividir una fuerza que, unida, podría competir con mayores posibilidades. Y si al final vuelven a quedar fuera del poder, no podrán responsabilizar a nadie más que a ellos mismos.