¿Cuánto pesa ignorar al otro?
Miguel Ángel Cid Cid
25 de julio de 2026 a las 09:08 a. m.Lectura de 3 min
Nada más trágico que ignorar al otro. Personas y agrupaciones deberían ser tratados con respeto. Conviene hacer del respeto al otro una costumbre. En la actividad política es urgente, antes que al divisar su valor sea demasiado tarde.
Esta columna lo dijo hace poco más de un año: “Cuando un líder político comienza a actuar con soberbia el fin de su imperio está cerca”. Y dejar de darle atención a los que te rodean es sin dudas una de soberana insolencia.
Los dominicanos no son los únicos. Los políticos en su mayoría son presa fácil de la arrogancia. Por cada dosis de poder recibida, se inyectan tres de altanería.
Por donde quiera que se exprese una migaja de poder la vanidad campea. Aquí los ejemplos sobran, en allende los mares también.
Lo sucedido con Gianni Infantino, presidente de la Federación Internacional de Fútbol Asociado (FIFA) es aleccionador. Infantino, quiso pescar de infantil al convertir el Mundial 2026 en un espectáculo de facturación favorable a Donald Trumps. Ahora está al borde del colapso.
La arrogancia de los argentinos por otro lado llevó a la selección albiceleste a ser portadores del odio en medio del Mundial. Pasado el evento se desataron los demonios en su contra. Cargan con la derrota, el acoso del FBI y la deshonra.
La ignorancia de Abelardo De La Espriella, presidente electo de Colombia lo transformó en el sepulturero lúgubre de su popularidad. Sin ser juramentado sufrió su primera derrota vergonzosa.
Los uribistas organizados en el Centro Democrático apoyaron a De La Espriella en la segunda vuelta. Álvaro Uribe, líder del grupo, quiso sumarse a la gestión del gobierno. Pero el presidente electo lo ignoró.
Abelardo olvidó que en el ballotage su triunfo fue pírrico. Alcanzó menos de un uno por ciento de ventaja. Sin embargo, la petulancia lo empujó a creer que no necesitaba ayuda de nadie. Él podía solo.
Cuando llegó el día de elegir los bufetes directivos de la Cámara de Representantes y del Senado, el Pacto Histórico, partido de Gustavo Petro, apoyó al Centro Democrático.
Hacía cerca de 40 años que no se repetía el fenómeno electivo. El partido de gobierno en Colombia por lo regular gana siempre la elección de los bufetes del Congreso en su primer año de gestión.
