Un director que también enseña: así funciona la escuela multigrado de Lluvina
Manuel Antonio Rosario pide a Educación que reconozca su doble función al frente de una escuela unitaria
Redacción de Libertad Comunicacional
Editor jefe: Domingo Batista
29 de septiembre de 2026 a las 06:14 a. m.Lectura de 4 min

Fotografía: Escuela Pedro Henríquez Ureña de la comunidad rural Lluvina de Bayaguana.
Diez niños de entre 5 y 12 años mantienen abierta la escuela Pedro Henríquez Ureña, un plantel de un solo salón en la comunidad rural de Lluvina, en Bayaguana, donde el director también da clases y, según denunció, solo cobra el salario de maestro. La situación fue documentada por Diario Libre en un reportaje publicado este 29 de septiembre.
De acuerdo con el medio, un alumno cursa primero de primaria, tres están en segundo, tres en cuarto y tres en quinto. Primero y segundo comparten espacio, igual que cuarto y quinto, bajo la modalidad multigrado, dentro de la única aula del centro. Tres docentes sostienen la tanda extendida: el director Manuel Antonio Rosario, quien imparte la mayor parte de las asignaturas; una maestra contratada por el Ministerio de Educación para Formación Humana y Artística; y un profesor de Educación Física.
La dinámica obliga a planificar de otra manera. Cuando los contenidos de los grados se relacionan, los niños trabajan juntos con actividades ajustadas a cada nivel. Cuando no es posible, cada grupo recibe una tarea distinta.
A eso se suman las carencias del local. Los apagones son frecuentes y la escuela no tiene inversor, por lo que las clases continúan con el calor del aula. El plantel actual, que sustituyó a una vieja estructura de madera con piso de tierra, tiene un aula y un baño, pero no comedor. Los estudiantes almuerzan en bancos del patio.
La matrícula fue mayor en el pasado. Rosario explicó a Diario Libre que muchas familias se marcharon de Lluvina en busca de empleo o estudios, y que algunos de los niños que quedan son hijos de personas llegadas de otras comunidades o municipios para trabajar en fincas de la zona.
Cerca hay otra escuela, la de El Copey, pero el director considera que trasladar el centro tendría un costo mayor que la distancia. Advirtió que, de hacerse, "la comunidad se queda vacía". También reconoció que el futuro del plantel depende de que sigan llegando estudiantes, pues los actuales crecerán y podrían irse, como ocurrió con generaciones anteriores.
Rosario acumula casi 25 años en el magisterio, tras un año previo como voluntario. Comenzó en una escuela de El Valle, la comunidad donde nació, que con el tiempo perdió a sus habitantes hasta desaparecer. En Lluvina atiende cuatro grados y cumple a la vez las tareas administrativas de la dirección, pero, según relató, cobra solo como docente.
Por eso pidió al Ministerio de Educación que se reconozca la labor de los maestros que dirigen escuelas unitarias mientras siguen impartiendo clases. El reportaje no recoge una respuesta de la institución a ese reclamo.
El caso de Lluvina muestra el dilema de las escuelas rurales con poca matrícula. Mantenerlas abiertas cuesta más por alumno, pero cerrarlas aleja la educación de comunidades que ya se están vaciando. Para el director, mientras haya niños que necesiten estudiar cerca de sus casas, la escuela tiene razón de existir.

