Perú estrena su primera presidenta: Keiko Fujimori asume el cargo tras un ajustado triunfo electoral sobre la izquierda

Con un gabinete de 19 carteras y el reto de estabilizar un país marcado por la crisis política, Fujimori inicia un mandato de cinco años hasta 2031

Redacción de Libertad Comunicacional

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28 de julio de 2026 a las 03:26 p. m.Lectura de 5 min

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Perú estrena su primera presidenta: Keiko Fujimori asume el cargo tras un ajustado triunfo electoral sobre la izquierda

Fotografía: Keiko Fujimori llega al Congreso para jurar como presidenta, EFE

La derechista Keiko Fujimori juró este martes como presidenta de Perú para el quinquenio 2026-2031, en una ceremonia realizada en el hemiciclo del Congreso que coincidió con la fecha en que su padre, Alberto Fujimori (1990-2000), asumió el poder hace 36 años. La hija y heredera política del expresidente, hoy fallecido, se convierte además en la primera mujer en ocupar la presidencia de Perú, luego de imponerse en la segunda vuelta electoral por una diferencia inferior a 50,000 votos sobre el candidato izquierdista Roberto Sánchez.

El presidente del Parlamento, Miguel Torres, de la agrupación Fuerza Popular, tomó el juramento a Fujimori y le impuso la banda presidencial al mediodía, mientras sonaba el himno nacional. Momentos antes, el mandatario saliente, José María Balcázar, quien había ejercido la presidencia de forma interina desde el 18 de febrero tras asumir la titularidad del Legislativo, culminó su gestión asistiendo a la tradicional misa y tedeum que se celebra cada 28 de julio en la Catedral de Lima, coincidiendo con el aniversario de la independencia peruana.

En su juramento, Fujimori se comprometió a "cumplir y hacer cumplir la Constitución política y las leyes de Perú", así como a velar por "la integridad física y moral de todos los peruanos, en especial de quienes han sido históricamente postergados". La nueva mandataria también prometió respetar la libertad de culto y reconocer el papel de la Iglesia católica en la formación cultural del país, además de comprometerse a un gobierno de cinco años sin intención de perpetuarse en el poder, según trascendió durante la ceremonia.

Al acto asistieron delegaciones internacionales encabezadas por el rey de España, Felipe VI, y los presidentes de Chile y Argentina, José Antonio Kast y Javier Milei, respectivamente, además de representantes de otros gobiernos latinoamericanos, entre ellos una comitiva enviada por el presidente electo de Colombia, Abelardo De la Espriella. La presencia de mandatarios de tendencia conservadora subrayó el carácter regional que numerosos analistas atribuyeron a la investidura, en momentos en que Perú busca fortalecer sus vínculos con Washington bajo la administración de Donald Trump.

Antes de asumir formalmente el cargo, Fujimori había adelantado los primeros nombres de su gabinete: el exparlamentario Luis Galarreta, su aliado más cercano dentro de Fuerza Popular, como presidente del Consejo de Ministros; el economista Elmer Cuba, exmiembro del directorio del Banco Central de Reserva del Perú, al frente del Ministerio de Economía y Finanzas; y el periodista y excandidato presidencial Carlos Espá, que respaldó su candidatura en la segunda vuelta, como canciller. "Le he pedido que lidere un gabinete unido, que trabaje con sentido de urgencia y que su gestión se mida por los resultados", declaró Fujimori sobre Galarreta antes de la toma de posesión. El resto del equipo ministerial, compuesto por 19 carteras, sería juramentado en la tarde en el Palacio de Gobierno, adonde Fujimori regresó por primera vez como jefa de Estado tras haber residido allí de joven como primera dama durante el gobierno de su padre.

La investidura marca el retorno formal del fujimorismo al Palacio de Gobierno casi 26 años después de que Alberto Fujimori renunciara por fax desde Japón en medio de un escándalo de corrupción que derivó en su posterior condena y encarcelamiento. Keiko Fujimori asume ahora la conducción de un país que atravesó una prolongada inestabilidad política, con varios cambios de mandatario en los últimos años, y enfrenta de inmediato el desafío de gobernar con un Congreso fragmentado mientras busca reactivar la economía y atender demandas sociales postergadas.

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