Abinader: un presidente popular con una economía impopular
Alejandro Santos
12 de mayo de 2026 a las 02:38 p. m.Lectura de 6 min
Una interrogante difícil de encajar surge del hecho de que el presidente Abinader aparece bien valorado, a pesar de que un porcentaje alto de la población entiende que la economía está mal.
No se trata únicamente de lo que plantea la encuesta Gallup, realizada del 28 de abril al 1 de mayo de 2026. También se percibe con facilidad en el sentir de la gente en las calles, en la conversación diaria, en la preocupación silenciosa que se ha ido instalando en los hogares dominicanos.
Que un 51.7 % califique a Abinader como buen presidente, frente a un 62.9 % que dice que la economía dominicana está mala, puede considerarse un fenómeno excepcional, que se sale de los parámetros normales de correlación entre estas dos variables.
Normalmente, el deterioro de la economía impacta negativamente en la popularidad del presidente. Sin embargo, en este caso, aunque el malestar económico es mayoritario, la figura presidencial logra sostenerse. Ahí es donde aparece una contradicción política digna de análisis.
Y no es que falten razones para que la economía genere una percepción negativa. Ciertos datos reflejan con claridad cómo marcha la realidad económica dominicana, que experimentó una fuerte desaceleración durante el año 2025.
En ese período, el PIB real dominicano pasó de 5 % en 2024 a 2.1 % en 2025, lo que representa una reducción de 2.9 puntos porcentuales en el ritmo de crecimiento. Es una caída importante para una economía acostumbrada a exhibir cifras más dinámicas.
El Banco Central ha atribuido ese bajo crecimiento a la incertidumbre del entorno mundial y a una contracción de la inversión. Pero más allá de las explicaciones técnicas, lo cierto es que la población percibe el frenazo, lo siente en el bolsillo y lo traduce en preocupación.
El sector que refleja la caída más drástica es el de la construcción, que cerró en -1.8 %. Ese crecimiento negativo no es un dato menor. La construcción tiene un efecto multiplicador sobre otros sectores, de manera que su retroceso provoca una cadena de repercusiones sensibles en el empleo, el comercio, los servicios y la actividad económica en general.
Otros sectores también redujeron su ritmo de crecimiento en 2025 respecto de 2024: la manufactura local creció 1.4 % frente a 4.3 %; la manufactura de zonas francas, 1.8 % frente a 4.3 %; el comercio, 2.1 % frente a 5.6 %; hoteles, bares y restaurantes, 3.5 % frente a 9.5 %; transporte y almacenamiento, 4.1 % frente a 5.7 %; comunicaciones, 0.4 % frente a 3.2 %; y el agregado de servicios, 2.8 % frente a 5.5 %.
El tema de la deuda externa también ha dejado mal parado al gobierno de Abinader, sobre todo por la marcada contradicción entre lo que se prometió en campaña electoral y lo que ha ocurrido en el ejercicio del poder.
Entre 2019 y 2025, la deuda externa del Sector Público No Financiero pasó de US$23.4 mil millones a US$45.5 mil millones, lo que implica un aumento absoluto de aproximadamente US$22.1 mil millones y un crecimiento acumulado cercano al 94.5 % en seis años. Son cifras escalofriantes ante las cuales se encuentra hoy la República Dominicana.
En cuanto al déficit del gobierno, este también ha mostrado una tendencia preocupante: RD$335,793.4 millones en 2020; RD$158,038.6 millones en 2021; RD$203,171.1 millones en 2022; RD$221,909.9 millones en 2023; RD$228,530.4 millones en 2024; y RD$283,636.5 millones en 2025.
Esos datos han alimentado fuertemente la sensación de inseguridad e incertidumbre económica, ante la amenaza latente de una nueva reforma fiscal, el temor al aumento de impuestos y la expectativa negativa de que la economía dominicana pueda entrar en una situación de mayor dificultad.
Como vemos, existen condiciones reales para que los sectores económicos y la población sientan que algo peor puede ocurrir. No se trata de una percepción vacía ni de un pesimismo infundado. Hay elementos concretos que explican esa inquietud.
Si a todo eso le sumamos el aumento acumulado de los precios y la pérdida del poder de compra, regresamos a la pregunta inicial: en este escenario, ¿cuál ha sido la estrategia, la habilidad o la fórmula que mantiene a flote la popularidad del presidente Abinader?
Ahí reside la gran paradoja del momento dominicano: un presidente que conserva niveles apreciables de respaldo político mientras gobierna sobre una economía que genera desconfianza, malestar y temor en una mayoría de la población.

